Días sin horas

miércoles, junio 07, 2017
 
https://www.youtube.com/watch?v=f46ulX6uwGc

¿Qué esperas encontrar en todas esas vidas que no vives? ¿Acaso algo mejor o sólo diferente? Me aturullan los recuerdos de lo que nunca sucedió, de un pasado que nunca fue mejor y de un presente que no existe.
Los retales de las canciones de las películas y canciones de la adolescencia vuelven, a veces, a decirme que he cambiado, me he asentado y he dejado de soñar. A lo que respondo que no es necesariamente malo, que he aprendido a disfrutar lo que tengo, los detalles de la vida que vivo y dejar de buscar la salvación en una huida hacia adelante. Pero sigue dejando un regusto amargo, como si algo tuviera que ser diferente. Esto de estar siempre perdido será lo que significa hacerse mayor.

(6) comments

sábado, abril 29, 2017
 
Para acompañar: https://www.youtube.com/watch?v=A0HFtcCRVNc

¿Y si sí que era miedo?

El reflejo de las farolas de madrugada lanzaba destellos ámbar sobre el capó del coche. Yo tenía esa nostalgia que siempre se cuela en mi pecho al conducir de noche en la ciudad: las farolas, los neones, el panel de luces del coche vistos desde el asiento de atrás, tumbado, mientras tus padres conducen de vuelta a media noche.

El pie recalaba suavemente sobre el acelerador manteniendo una velocidad constante. Amarillo, rojo. Daba igual, el coche volaba siseando sobre las calles vacías de esta ciudad que nunca fue demasiado mía. Tú empuñabas con delicadeza el revolver, como si no fuera un objeto con el que se mata. Lo sostenías tan cerca de mi sien que en las curvas, el cañón rozaba mi pelo.

Era absurdo pero no pensaba ni en ti, ni en la pistola, ni en los semáforos. Pensaba en aquel pobre tío que había colgado en una de esas redes profesionales, en las que sólo se ponen estupideces, que se había ido de una empresa porque ya no le convencía y que ahora no le contrataban por estar muy cualificado. Decía tener mucho compromiso, muchas ganas. No tendría tanto compromiso si se había ido de la empresa anterior sin resolver lo que le molestaba, o quizá no se había ido y lo habían "ido". Quizá ese patetismo entre cómico y triste me hizo sonreír y por eso me sacudiste con la culata de la pistola en cogote.

Fue entonces cuando me di cuenta de que sí que era miedo. Sí que estabas nerviosa. Sabías que habías  perdido el control y lo que había empezado con la tonta idea de asustarme y vomitarme tu resentimiento, se había convertido en un secuestro. Pero no habías pensado - o quizá sí - que la muerte de Dani me había afectado a mí más que a ti y no me importaba demasiado conducir temerariamente mientras no dejaba de sangrar por el costado. Tú me odiabas por ser el culpable de haber perdido de vista en la playa a nuestro hijo de 6 años, pero ese odio no se acercaba a la amarga culpabilidad que sentía. Y yo también te odiaba a ti, te odiaba por no perdonarme o no comprenderme, de culparme por lo que siempre me perseguiría.

Yo no tenía miedo como tú. No quería morir, pero sabía que no iba a morir. ¿O sí? Fue cuando se me cruzó este pensamiento que empecé a acelerar. 80 kilómetros por hora por la ciudad se hacen violentos. Empezaste a gritar mi nombre y golpearme la cabeza con la pistola. Yo no sentía nada. 90. 95. 100. 110. Las curvas más suaves parecían desgarrar el asfalto. Empezaste a llorar. Gritabas "lo siento" mientras sollozabas desacompasadamente. ¿Qué coño ibas a sentir? Era mi culpa, ya lo sabía yo. ¿Lo del secuestro? No te preocupes, me daba igual. No te dije nada de eso, realmente no había dicho nada desde que te vi aparecer por la puerta de mi casa con la pistola en la mano.

Vi la ligera curva que hace la Gran Vía al salir hacia el puente del río. Decidí que no iba a girar. Cogí fuerte el volante, el coche iba a 140, no se me ocurrió otra cosa que decirte "Hallarás la paz que no me has dado".



(2) comments

sábado, enero 21, 2017
 
Enero debe tener algo entre la nostalgia y la melancolía que me hace volver aquí. He sentido hoy esas ganas de escribir algo, sin saber todavía muy bien el qué, y me he encontrado con que la última entrada es de Enero del año pasado. Y la anterior del Enero de hace dos.
Debe ser el frío o los cielos plúmbeos que siempre me han recordado que a veces, y solo a veces, seguimos siendo Europa. También he recordado que Días sin horas, nunca ha tenido un hilo muy definido de lo que contaba, por no ser, no era ni novela, ni cuento. Era, y sigue siendo, un rincón abandonado en los confines de un no-lugar llamado Internet, en el que hacía, que ya no hago, prosa poética. Éste es un término un tanto difuso que parece determinar aquello que no se atreve a ser poesía del todo, ni tiene la suficiente contundencia ni desarrollo de una narración - no hay nada, no pasa nada, no hay personaje, no hay conflicto, no hay resolución.

De hecho, si mucho lo pienso, pocas ideas son realmente mías. He ido haciendo textos de retales, con ideas de otros. No es algo que me haga sentir mal, nunca he pretendido hacer arte. Si es cierto que alguna vez soñé con dedicarme a la escritura, pero nunca dejó de ser un idea lejana y fantasiosa. Siempre he tenido la sensación de que debería estar en otro lugar, haciendo otra cosa, viviendo otra vida... ¿qué mejor que ser escritor para vivir todas esas vidas desde una pantalla y una hoja en blanco? Aun me despierto días pensando que tengo que escribir esta historia de espías que se me ha ocurrido, o una serie de un consultor de marketing ridiculizado hasta lo irreal al estilo IT Crowd. Luego se me pasa y se me olvida. Nunca fui constante. Ni siquiera para los posts. O quizá, simplemente, se me acabaron las ideas. Al hacerme añejo me da la sensación de vivir más de recuerdos que de ilusiones, ¿dónde están los proyectos?... Como decían lo de Circodelia "¿Dónde están las intensas emociones?[...] Hoy curro de 8 a 8 en Andersen Consulting. He resultado un tonto útil" ¿Veis? Ni una idea mía. Se secó.

(8) comments

lunes, enero 11, 2016
 
¿Cuál es el propósito? Algo me lleva a levantarme todos los días y no sé que es. Podría decir que es inercia, pero no la siento así. Es más como una llama débil por conseguir algo que no visualizo. Lo tantas cosas sobre conseguir lo que quieres, ser determinado y luchar por lo que se quiere. Pero, ¿qué es lo que realmente quiero? Han pasado los años y he dejado de reflexionar, no me entiendo bien a mí mismo y ahora me da una pereza enorme tener que ir quitando todas las capas, endurecidas por el tiempo, que rodean a mi conciencia. Me acaba poniendo tenso la propia meditación o la reflexión, y en lugar de concentrarme en mí mismo, los pensamientos surgen sin control y a una velocidad a la que no puedo seguir conscientemente. 
Es como una tormenta de ideas, de voces, de imágenes. Pensaba ayer que sería interesante hacer una película con ello, o un corto. Serían unos instantes en los que mientras una persona mira a cámara y cuenta cosas por la pantalla aparecen imágenes que se alternan rápidamente y otras líneas de voz, menos fuertes, pero que distraen constantemente. 

Eso es mi cabeza, ¿tendré alguna enfermedad mental? ¿le pasa eso a todo el mundo? Quizá debería preguntarlo, pero me he ido haciendo más torpe en las conversaciones. Parece que ya sólo sé escuchar. Me da la sensación, muchas veces, que no tengo nada que decir. Nada interesante al menos, y no sale de mí ninguna palabra. A veces, una alguna sonrisa amable y ya está. 


Ya estoy divagando, ¿qué es lo que realmente quiero? Ser feliz y todas estas generalidades que uno no sabe como medir. Quizá es una concepción más oriental centrada en el presente y la sensación de estar donde estás, sin más. Sin embargo, me da la sensación que dejar la vida a la suerte y a lo que venga, va a hacer que tenga una vida menos plena de lo que podría llegar a ser. Puede que sólo sean mis delirios de graneza, de llegar a hacer algo que cambie el mundo. Pienso ahora si esto lo leerá alguien. La verdad es que no es la intención, pero puede que alguien siga pasando por aquí. Lo hago más como un sitio donde guardar pensamientos y que, ahora sí, la suerte los lleve a alguien, pero sin intención, sin objetivo. ¿Me contradigo? Ya no lo sé, pero mi mente se ha calmado. Ahora, presente. 

(8) comments

viernes, enero 31, 2014
 
Me hago mayor, muy mayor. Encuentro recuerdos, releo emails cargados de sentimientos, y parecen de historias ajenas a mi vida. ¿Cuándo he sabido yo articular tanta visceralidad? ¿Acaso era eso estar vivo y ahora he muerto? Serán delirios de post-adolescencia derramados por la adultez, pero qué duro sentirse tan frágil y vulnerable en otros momentos, qué claridad encuentro en las situaciones después de tantos años. Pero ya no temo a los “y si”s, me dan igual, y quizá no deberían para devolverme esa pasión revoltosa. Lo cierto es que mi vida se ha solidificado y estoy bien, encaminado hacia el horizonte del adulto que quise ser.


Ya no quiero ser el chaval triste que trepaba por tus caderas a base de palabras. Todas esas palabras que he ido reencontrando en la tarde de hoy, en la que he pasado por todos mis 20... 10 años, 10 malditos años llenos de las sensaciones más maravillosas que un ser humano puede experimentar a esa edad. No sé si conservaras todas las palabras que te escribí, parece que yo sí, o algunas de ellas. Son bonitas, aunque dejan un regusto amargo. Es un trazo borroso, porque no se sabe dónde acaba, no está toda la información, y me permito reconstruirlo al gusto. ¿Te puedes creer que había cosas que no recordaba? Sí, suena absurdo que pensara que podía recordarlo todo. Pero en el fondo lo esperaba. Fueron muchísimas más palabras de las que recordaba, y más extendidas en el tiempo. Se han acabado los 20, y los 30 suenan diferente. Espero no echaros de menos. Hagamos, antes, un brindis, a los escuderos y a las princesas que acompañaron a este Don Quijote que ha aparcado el yelmo de cartón.  

(1) comments

miércoles, diciembre 04, 2013
 
...
¿Y si volviera a escribir? ¿Y si levantara el telón una nueva vez?

Quizá no tendría sentido, porque mis días ya están llenos de horas. Hoy en día más que el silencio, me invade el mumullo constante del trabajo. Ya no hay tiempo para pensar, para escribir... sólo hay tiempo para correr, para hacer, para acabar, para llegar a tiempo... Las vidas se convierten en cintas de gimnasio de la que no te puedes bajar, pero que parece que no te llevan a ninguna parte.

Pero al final del día, ahí está ella, que jamás bebió mis palabras ni admiró mis sentimientos. Más sencilla, más directa, se acurruca entre mis brazos y sólo a veces se acuerda de decir que me echa de menos.


(2) comments

martes, enero 31, 2012
 
Deben ser tus grandes ojos negros y tu mirada divertida. Tus sonrisas huidizas y un poco socarronas, que evitan la profundidad del metaenamoramiento, desdibujan los perfiles de las emociones. Emociones que se quedan flotando sin condensarse y sin doler.

Debe ser porque te ríes si te hablo de tu piel, si te susurro, o si busco entre los pliegues de tu blusa.

Será, será, que aun así buscas mis manos, y, a veces mis labios, y, aun sin abrazos, me rodeas y me aprietas. No puedo decirte que me encanta que me aprietes en abrazos, sentir que la sangre bombea más fuerte intentando escaparse de la presión, dejando en mi cuerpo una enorme sensación de bien estar.

(0) comments

domingo, diciembre 25, 2011
 
- ¿Por qué estoy aquí? No tengo demasiado claro cómo he llegado. Bueno sí, pero qué mareo, aun me dura la migraña. Estaba en casa y he empezado a caminar. “Cada dos calles gira a la derecha”, me he dicho, y aquí estoy, en una calle que ya no lleva a más sitios, que se acaba, una puerta de garaje y esta puerta. Era lógico, tenía que entrar... No creo que viva nadie aquí.
Al entrar se encontró en una estancia grande, mediría unos diez metros de largo y cinco de ancho. Habría sido un comedor en otro momento, una mesa carcomida y enterrada en polvo dominaba el centro de la habitación. También habían algunas sillas dispersas, la mayoría rotas, algunas sin patas, otras sin respaldo. Olía a cerrado y a viejo, como el olor a madera húmeda.
Al darle al interruptor que había junto a la puerta, una bombilla, que colgaba de un cable, iluminó pobremente los muebles. Era una visión desoladora, como la de cualquier sitio abandonado, un poco triste y demasiado lóbrega.

(2) comments

 
El aire frío hace la realidad más transparente, pensó.

Era nochebuena, y en las estrechas y desérticas calles de un pueblo de Castilla, rebotaba el sonido de las botas sobre los adoquines. Las sombras se perseguían entre ellas al acercarse, y luego alejarse, de las farolas. Llevaba la bufanda enrollada, le tapaba justo hasta la nariz. A pesar del frío no llevaba gorro, no solía, sólo en los días más fríos se lo ponía, sentía que le quedaba un poco ridículo, una mezcla entre infantil y con poco gusto. ¿Desde cuando se preocupaba por el buen gusto? La belleza, qué preocupación más adulta, en algún momento asumió que tenía que arreglarse, gustar.

Entre estos pensamientos llegó. Se paró delante de una puerta hundida. Consiguió abrirla sólo cuando le dio una patada en la parte inferior. Entró.

(3) comments

domingo, noviembre 06, 2011
 
Los segundos golpean la ventana a cada gota. Y es que parece que nunca vaya a parar de llover, sobre el norte de Italia siguen la lluvias desde hace un par de dias y mientras yo me hundo el asiento de atras de un coche, con demasiada gente que habla y no le entiendo. Me duele la cabeza, y solo pienso en llegar.

(3) comments



Sigueme por RSS